¿Qué hay más allá?

“Me di cuenta de que si seguía así, iba a recaer”.

Me sentí emocionada, sentí que nuestro trabajo había servido. Mi paciente había tenido, lo que en psicología se llama, un “insight”, por fin se había dado cuenta de algo determinante en su vida y, con lo que tenía que hacer algo al respecto.

Cuando hay una persona enferma en la familia, a veces queda “señalada” como la problemática, la culpable de que las cosas vayan mal, sin que los otros familiares se pongan a pensar en qué es lo que cada uno hace, para que ésta persona funcione así.

En el caso de la paciente que estaba comentando, ella sin quererlo, había heredado la empresa familiar, su madre falleció siendo ella adolescente, se hizo cargo a la fuerza, sin otra opción del rol maternal, cuidaba de sus hermanos pequeños, se encargaba de la casa, y terminó los estudios como pudo. La habían puesto a trabajar en el negocio familiar, lo había asumido como responsabilidad propia, como que “era lo que tocaba“. Sacó adelante la empresa, de hecho la hizo crecer, tuvo “éxito“, y se preguntaba “¿qué más puedo pedir?“. No entendía, cómo una persona como ella, tuviera una depresión, si “todo estaba bien“. Por eso, comenzó a beber al llegar a casa, para relajarse y desconectar. Con el tiempo, también bebía en los almuerzo y comidas, y así mantener el ritmo. Hasta que un día, porqué siempre hay UN DÍA, en que no pudo más y pidió ayuda.

Su problema con el alcohol la había superado, estaba sumida en un desanimo profundo, una ansiedad permanente, y ese fue el motivo por el cual, su pareja le advirtió que debía verla un especialista. Comenzó, muy a regañadientes, el tratamiento, y luego de unos meses de estabilidad y abstinencia, se dio cuenta de que su vida, no era lo que ella quería. Había vivido, desde adolescente, la vida que le habían impuesto, que “tocaba” hacer, pero nadie le había preguntado si ella quería hacerlo…(ni siquiera ella misma). Simplemente, era así, es lo que había.

Pero ahora, al estar recuperada, y volver a su vida y rutina, la enfermedad comenzó a mostrar nuevamente las orejas, y ella se dio cuenta, de que el problema no era el alcohol. El alcohol era lo que le “ayudaba” a soportar esa vida. El alcohol, era su ansiolítico, su antidepresivo, su forma de afrontar los problemas. Y fue ahí, justamente ahí, en ese momento, en el que dijo BASTA.

Ya no quería seguir viviendo una vida, que ella no había elegido y que encima no le llenaba. Pero tomar esa decisión, significaba romper lealtades familiares.

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En realidad, pudo darse cuenta que nunca lo había sido. Siempre se le exigía más y más. Nunca era suficiente. Tenía miedo. Sabía que por ese camino que ahora se vislumbraba una luz, iba a ser muy duro transitar. Aparecería mucho dolor, mucha culpa, muchas cargas. Pero dentro había un palpito que le decía que algo tenía que cambiar. No podía seguir jugando algo que ella, sabía ciertamente que ya NO quería jugar.

¿Podía elegir? La respuesta es, SI.

No estaba sola. Se tenía a ella misma, a su pareja y a sus hijos. A su futuro. El apoyo de su Terapeuta. Había que cruzarlo, no quedaba otra opción…

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